sábado, 27 de mayo de 2017

I MISS YOU

I miss you at all hours, in all directions. I miss you in all the ways on which a person can miss someone. I miss you almost in all the seasons,  in the raining that doesn't make us getting wet, in the wind which doesn’t dishevel our hair now. I miss you with my five senses, those with what I would like feel you in this moment, in your skin, in your hands, even in your hair roots.

I miss you because I stopped  breathing you and I am run out of air, because you get invisible, and my eyes lose the orientation. I miss you in the desire of having you, in all the kisses that I promised  give you, I miss you in the "Everything will go well" one more time. I miss you in the screams, in the silent, at the wrong time, at an inopportune moment.

My mood miss you too, the smile that you make me knows your name by memory, my brilliants eyes, my red cheeks…they know your coordinates and they miss you too. They miss you in a wholesale way, in a large scale. And now… Now is when I notice how far away can be the Western Hemisphere in our continent. Now is when Europe start to be too much big for us, when we know the real value of the distance that exist between you and me.

I miss you, and I miss you without permission. I have never wanted to miss your eyes, and know I am doing that. Now I miss your obsessions, your concerns, I miss all of those things that one day I said to you that I didn't like. I miss them. I miss you, you who I need in a very expensive way, in a way which make me poor, a way which I can't pay, the loneliness way. You who don't let me be hurt. Me who is hurt when I need you more than normal, you who know how win with me, you who give me the value that I didn't deserve. You who need me. Me who need you.


I MISS YOU I MISS YOU I MISS YOU I MISS YOU


lunes, 7 de noviembre de 2016

Dos caras

La soledad.
Tal vez nunca hayas sentido el calor de una soledad en buena compañía. Es casi inexplicable contar cómo la soledad es capaz de llenarte de gente y  conquistarte descuidada hablándote de todo.
Tal vez no sepas que la soledad es sonora tanto como un estruendo en mitad de la noche, y trae consigo más emoción de la que uno se piensa.  La soledad, atrevida. Tan atrevida descosiendo los remiendos de malas maneras y poniendo el alma de muchos patas arriba. La soledad, descarada soledad.

¿Saben? No es necesario que una se tenga que marchar al extranjero para darse cuenta de que la soledad está en cada rincón del mundo esperándote, siempre, con los brazos bien abiertos, deseando rodearte con sus desmesuradas ganas, bien para regalarte la paz, o bien para arruinarte la vida. Las dos caras de una misma palabra. Nunca es fácil adivinar de qué manera va a asaltarte, aunque siempre es mejor andar con pies de plomo.
Últimamente es ella la que se digna a hacerme visitas a cualquier hora, prefiere la noche porque se siente más cómoda con la oscuridad y la falta de abrigo. La falta de abrigo personal, la de las gentes que deberían estar y no están. Es ella la que me invita a pasar dentro de mí, la que se toma todos los días un café conmigo, y la que me recuerda lo lejos que estoy en este instante de mi vida. Yo, en cambio, a veces la busco, la necesito, no es demasiado buena pero me alivia. Si me falta en un par de días me consumo, me desencuentro, me pierdo en lo mundano y empiezo a echarme de menos. Es imprevisible, pero sabe que la necesito, y vuelve, siempre vuelve. Otras veces, sin embargo, me atormenta. Me atrapa tanto que duele, y busco todo el tiempo salidas, planes. Busco rehuir de ella, porque tanto me hace feliz como infeliz al mismo tiempo. Las dos caras de la misma palabra. Maldita soledad.

Me quiere en la intimidad. Me ayuda a hablar conmigo misma, a saber más sobre mí, a conocerme mejor. Pero me exige tanto el silencio que escucho, a menudo, las cosas que nunca quiero escuchar. Cuando no está, me siento tranquila, yo misma paso a un segundo plano, me centro en las vistas que alcanzan mis ojos, en personas, en paisajes, en momentos. Me siento más viva. Y es entonces, cuando me encuentro rodeada de miradas vibrantes, cuando la echo de menos. No puedo vivir sin ella. Necesito alimentarla porque ella también lo hace conmigo. Si me falta, yo me ahogo. Si se excede, me deja sin aire. Sé que quiere hacerlo bien, que solo busca darme calma, pero ella no entiende de límites. Y es eso lo que me hace odiarla en la misma medida en que la quiero.

¿Saben? No es imprescindible tomar la decisión de vivir en otro país durante un tiempo para llegar a conocerla. Créanme, no es fundamental hacerlo para verte enfrentada a ella, a la soledad más genial y horrible del mundo. Pero, si es cierto, que una aprende a sobrellevarla mucho mejor cuando convive con ella más a menudo. Y quizás, para recibirla más frecuentemente, es necesario marcharse un poco más lejos de donde debería estar.
Al final, como con todo en la vida, se coge cariño a todo lo que llena con mayor asiduidad tu tiempo. Por suerte o desgracia. Al final, una llega a la conclusión de que no hay nada más necesario en el mundo que una buena soledad si es en buena compañía.




domingo, 18 de septiembre de 2016

En tiempo de descuento

Querido tiempo, querido tú, si es que puedo tutearte. Dime, cómo se viven los momentos cuando sabes que se acaban, cómo se vive cada rato como si fuese el último que te queda en el bolsillo, como si estuvieran en peligro de extinción, como si fueran a deshacerse  entre tus manos para siempre.  Necesito saberlo, necesito hacerlo bien. Cómo se viven los momentos para aprovechar de ellos hasta su último suspiro a destiempo, para llenarlos de vida, para no dejarlos a medias, para que no te dejen a la mitad. Dime cómo se hace para que no se olviden nunca más, para que perduren sin fecha de caducidad en el tiempo, para que cuando se agoten, para que cuando abras la despensa y veas que los consumiste todos, para que cuando el temporal apriete dentro, puedas volver a ellos, puedas sentirlos en presente, puedas alimentarte de su sabor dulce a recuerdos.

Querido tiempo, querido tú, dame un respiro, no me descuentes las dudas ni lo que me queda en este espacio, y dime, tú que puedes, dime cómo hacer para que este momento no me cueste el olvido, para que no me salga tan caro en el futuro. Cómo lo hago para que se gane la memoria, el preciso espacio de las cosas importantes, la certeza de que cuando vuelva a él para sentir mi hogar, estará esperándome con los brazos abiertos, estará ahí para recordarme que mereció la pena vivirlo, que mereció la pena compartirlo con aquellas personas, que se ha ganado un buen puesto en mi alma, que se ha ganado mi paz. Querido amigo de malas costumbres: páusame la vida. Necesito un poco de cámara lenta. Despacio. Necesito aprovecharme de cada segundo y desnudarlo sin pudor, invertir cada mirada aunque observe de reojo, respirar cada aroma de cada abrazo, escuchar cada sonido como si  la respiración acelerada del miedo a una despedida también formara parte de la banda sonora del momento. Necesito hacerlo bien. Necesito hacerlo lento.

Querido tiempo, querido tú.  Dame un margen, pues no te quiero perder, no me la quiero jugar. Es ahora mi tiempo de descuento y me doy cuenta de lo caro que me cuestas. Es ahora cuando percibo lo justo valorado que estás, si toda mi vida depende de ti. Así que dime, una vez más y por favor, ¿Cómo se viven los momentos cuando sabes que se acaban?



miércoles, 17 de agosto de 2016

Perdimos el tiempo

Perdimos el tiempo. No pudimos perderlo más y mejor,  como si jamás lo hubieran inventado, como si nunca lo hubiéramos poseído, ni del todo ni de nada. Perdimos el tiempo abriendo puertas e invitándonos a salir, dando salida a las ganas que nunca tuvimos, dando entrada a las manías que nunca conocimos. Perdimos el tiempo porque no supimos cuidar de nosotros, porque nos contagiábamos de todo, de todo lo vibrante y aullador del mundo, de todo lo que era de todos menos nuestro. Lo perdimos porque preferíamos buscar estanques donde hacer pie que complicarnos la respiración bajo el agua. Lo perdimos divididos y en mayúsculas, subrayándonos errores, entrecomillándonos los besos y recalcándonos las faltas.

Perdimos el tiempo y os juro que no lo pudimos perder mejor. Perdimos el tiempo buscando culpables en palabras vacías que se llenaban del tiempo que gastábamos en perder. No fuimos conscientes de que nuestros corazones habitaban continentes distintos, de que estábamos a kilómetros dentro de la misma habitación, de que hablábamos idiomas desconocidos y  de que el lenguaje corporal nunca estuvo de nuestra parte. Perdíamos el tiempo constantemente, como si nos lo regalaran en cualquier esquina, como si no lo necesitáramos realmente. Perdimos el tiempo porque no supimos donde lo dejamos, porque alguien nos lo cambió de sitio, porque no quisimos poseerlo más. Perdimos el tiempo juntos porque por separado no nos habría salido tan bien, porque por separado ni siquiera nos hubiéramos sentido tan libres.

Perdimos el tiempo porque no lo pusimos a buen recaudo. Lo perdimos porque nos pesaba, porque preferimos no complicarnos la vida compartiéndolo, porque preferimos perdernos en otras vidas, en otros gustos, en otros gestos que aprendernos los nuestros.  Lo perdimos porque nunca nos elegimos bien, porque cuando vimos ventanas nos crecieron alas y nunca deseamos volver, porque nunca nos sentimos nada el uno del otro, porque nos extrañábamos a todas horas como extraños y después de tanto nunca aprendí a aprehenderte. Lo perdimos siendo descarados, sin disimular, arañando cada fallo como si mereciera tal importancia en nuestro personal caos. Perdimos el tiempo porque moríamos por encontrar excusas que nos salvaran de nosotros mismos, por evitarnos, por terminar el uno con el otro en cada respiración.

Lo perdimos. Lo perdimos como nunca nadie lo hubiese perdido en su vida, lo perdimos porque  si no lo hubiésemos perdido, nunca habríamos sido tan felices y tan fracasados.




domingo, 12 de junio de 2016

Baila!

"La vida es un gran baile, y el mundo es el salón". Vivir no consiste en pasarnos el tiempo aprendiendo a bailar, no se trata de pretender encontrar los mejores trucos, los mejores pasos de baile, la mejor coreografía capaz de sorprender a todos los ojos que brillan en la habitación. Se trata de mover los pies, de intentar no perder el  equilibrio, de dejarte conquistar por la música, de hacerlo sencillo, de hacerlo con ritmo o sin él, de hacerlo muy tú y sin más. Consiste en soñar con los pies y sentir la libertad en cada extremidad de tu cuerpo.
La vida no te hace experto en danza, pero te invita a disfrutar de la música, de esa música que se convierte en la banda sonora de tu existencia más armoniosa. Cualquier persona que se cruce en tu camino podría hacer cambiar el tono musical de tu baile, hacerte bailar a distinto compás, en distinto estilo. Cualquier persona que te haga latir a otra velocidad,  podrá enseñarte que aunque no siempre podamos elegir la banda sonora  de cada etapa de nuestra vida, si podremos elegir siempre el modo en qué bailarla.

Búscate una pareja de baile! Haz que tu corazón baile un ritmo compartido. Conviértelo en la nueva melodía del baile de las cosas sencillas. Conviértelo en el silencio arrítmico que vibra en el aire cuando la música del gran salón se toma una pausa para respirar.  Compartid la vida, la música y el baile. Y no os olvidéis de no invadir la baldosa sobre la que cada cual bailáis para no pisaros los pies. Haced de vuestro espacio en común un conjunto de notas orientadas a crear magia y arte.
Y  si en cualquier caso no encontraste tu pareja ideal, si tu arritmia corporal no se sincroniza con ninguna de las formas de bailar presentes en la sala, no te preocupes, la vida no entiende de canciones repetidas sino de aleatoriedad. Llegará tu canción, tu mejor  baile, y todos tus pasos se coordinarán tan bien que te verás fundiendo en acordes nuevos capaces de conquistarte el alma, redescubriendo entre todos aquellos que bailan, miradas que adivinan tormenta musical perfectamente entrelazada.

La vida como el bailar es expresar. Permítete ensayos y errores, no todos los bailes son el baile final. Permítete canciones lentas y tristes, no todas las canciones son canciones de sábado. Apuesta sin reparo  por renovar tus pasos, cree en ti, cualquier baile es el mejor baile si se siente desde dentro. Sedúcete también de bailes amargos, porque no se aprende nada cuando todas las canciones se bailan bien. Y ten presente que quizás la vida no sea la fiesta que esperábamos, pero que mientras estemos aquí deberíamos bailar. Así que si un día te despiertas y no sabes qué hacer con tu vida, haz algo: ¡BAILA!




martes, 10 de mayo de 2016

Quiérete mucho

Apenas hace dos minutos cuando me invadió, de nuevo, el vértigo. Sentí en el agujero negro de mi alma el miedo al círculo vicioso del amor. No estoy preparada. No estoy en ese momento idóneo en el que bienvenidos sean los besos, los excesos y las ganas. No serian esos los actos más adecuados para el teatro en ruinas situado en la enorme avenida de mi vida.

Me desenamoré del amor hace apenas dos minutos. Lo hice al cuestionarme qué eran los besos ahora para todos esos corazones a los que llamamos gente. Qué significaban ahora esos besos de ojos cerrados, respiración entrecortada y cosquilleo en lo profundo de nuestro ser, si se regalaban como caramelos en la puerta de un colegio. Si se rifaban en las tómbolas nocturnas como meros chupa-chups en la boca de todos. Qué eran entonces los besos si ya no provocaban explosiones químicas en los cuerpos mundanos.

Me desenamoré porque ya no  me acordaba de lo que era eso de que te hagan sentir especial, única y valorada. El verbo estimar hacia mucho que había dejado de consumirse. Las gentes ya apenas eran corazón, sino mente. Se valían de trucos  profanos que jamás rozaron un ápice lo que de verdad se entendía por magia. La moda era seducir cuerpos, en lugar de conquistar almas.  Me desenamoré porque el amor ahora se bebía con un par de cañas en la esquina de cualquier calle desdibujada.

De tal modo que desaprendí a amar. Era absurdo sentir algo que estaba en desuso, que había quedado obsoleto, y se había agotado en todas las tiendas de la ciudad. Nadie, en la realidad más actual, estaría dispuesto a garantizar un amor con resguardo, ilimitado, desmedido, y sin intereses. Nadie promete lo que no puede dar. Así que no busquemos vicios que nos puedan superar. Me desenamoré del sentimiento porque no era mi momento. No era el momento para dejar pasar al amor a sus anchas, para dejarlo pasear por mi vida como espectáculo, para hacerle fiestas y brindarle secretos. No. Más bien, si eso pasara, terminaría invitándolo a salir de mis fronteras de manera educada, haciéndole ver que está de más sin echarle de menos.

Tal vez, no es el mejor momento  en mi vida para  la obra pasional que muchos anhelan, porque el amor ya ni se  inventa, ni se halla, ni lo elijo. No podría aceptar al sentimiento  cuando ya no creo en él. No podría querer  suficientemente a alguien, ahora, como para darle barra libre en mi vida, y que beba todo lo que se encuentre a su paso. No podría querer demasiado a alguien como para regalarle mi más íntimo yo sin ticket de devolución, porque por desgracia, los regalos como la intimidad que brindas jamás se devuelven. Porque para empezar, no se puede querer suficientemente a alguien cuando no te quieres suficientemente a ti.

QUIÉRETE MUCHO.



miércoles, 23 de diciembre de 2015

No es amor, es otra cosa

No es amor lo que te arrastra hasta el no ser.
No es amor lo que te vacía por dentro.
No es amor lo que anula tu ardua forma de someterte a las peculiaridades del mundo.
El amor es otra cosa.

El peor amor es el que te deja sin aire,
el que te ahoga,
y te deja ver sin oxígeno ante el muribundo espacio de dos.

El peor amor es el que  te quita el sueño,
el que provoca un oasis en la cavidad más profunda de tu cuerpo,
el que altera los sentidos más indescriptibles de tu alma
y los toma consigo, dejándote sin nada.

El peor amor es el que te lanza al miedo de existir por separado,
el que te muestra su confianza y te ciega,
el que te promete la calma más plena,
y te provoca el temporal más atroz.

El peor amor es el que no te abandona ni un segundo de tu vida,
el que se vuelve necesario,
el que te hace recluso de su afán,
y se convierte en un peso de tu alma.

El peor amor no es el que no existe,
es el que te hace no existir.

No es amor si te ahoga,
si se lleva tu tiempo consigo,
si te roba los besos, en lugar de ganárselos.

El peor amor no es el que no encuentras,
es el que hace que no te encuentres a ti mismo.

No es amor si nunca te supo escuchar,
porque entonces jamás recordará el sonido de tu voz.

No es amor si te convierte, te amolda,
si te hace a su medida.
No es amor si solo supo sentir mucho, en lugar de amar bien.

El amor es otra cosa.



miércoles, 2 de diciembre de 2015

Olvidarnos

Qué difícil debe ser eso de que las cosas funcionen a otro ritmo, mientras nosotros intentamos coincidir a la misma velocidad, mientras desvivimos por vivir en el mismo tono, mientras se nos complican las ganas e intentamos seguir sin escuchar las exclamaciones del mundo.

Qué difícil ha de ser eso de que las cosas funcionen del revés, al contrario, mal, mientras nosotros intentamos poner tiritas a los ceses, remediando manías, corrigiendo líneas curvas y aguantando los nervios con cada respiración.

Qué difícil es eso de ver la vida desde perspectivas distintas, amueblando habitaciones vacías que no existieron, olvidando recuerdos que no vivimos, y perdiendo el tiempo que no tuvimos. Qué cobarde imaginarnos siempre queriendo ser lo que no fuimos.

Qué tremendamente complicado ha de ser eso de no conectar a tiempo, de buscarnos en lugares apartados de nosotros, de perdernos cada uno por su lado, de haber olvidado las cenas de dos y lo que era dormir en tu espalda, mientras el tiempo que me inundaste se ve  ahora desocupado en la periferia de las cosas menos importantes.
Qué triste sabernos tan distantes.

Qué espantoso debe de ser eso de intentar hacer coincidir coordenadas confusas regresando a lugares que construimos imitando paisajes con vistas a una realidad desordenada, donde ahora el espacio se encuentra desbordado de profundos silencios y el frío es el abrazo interminable de todos los días que se restan.

Que complicado ha de ser eso de vernos hallados en una nueva estación intentando disimular lo que fuimos, intentando evitarnos mirando otros ojos, besando otros labios y rozando otra piel. Mientras el calendario continúa insistiendo en brindarnos una fecha.

Qué horrible es  eso de volver a imaginar lo que era nuestro mundo construido a orillas del mar que nos mojó las ganas. Y que mal ahora. Ahora, cuando cada uno con su parte de la historia va despacio haciendo olvido de nosotros.




miércoles, 8 de julio de 2015

Después de todo, se aprende

Mi necesidad son los incendios. El fuego calienta a la vez que quema, y esa es mi necesidad. Tengo la necesidad de sentir lo afable y lo perverso aquí adentro sin ningún tipo de medida, la necesidad de ser fuego artificial, de subir rápido, explotar en el cielo y luego caer en picado. Porque después de todo, se aprende.

Necesito arder y para arder hay que ser valiente. Valiente para vivir la vida hasta la última bocanada de aire. Necesito sentir que estoy viva. Tengo la necesidad de equivocarme tres veces al día y veintiuna veces a la semana. Porque después de todo, se aprende.

Mi necesidad son las catástrofes inundadas de magia. Descubrir esa magia, percibir hasta el mínimo suspiro del pianista que está tocando tu canción favorita en este momento. Sentir la catástrofe en  la parte más interna de tu cuerpo. No preguntarte cómo llegaste hasta aquí sino disfrutar de estar y vivir.

Mi necesidad es salir ahí fuera  y que una mirada me cambie la vida. Tengo la necesidad del cambio, la necesidad de empezar algo y con ello la necesidad de verlo como se convierte en  esa nube de humo que deja un pequeño pellizco en el corazón. Tengo la necesidad de llenarme de historias, de hacerlas mías para amarlas y sufrir de ellas. 

Mi necesidad es vivir para poder escribir.

Y a veces, mi mayor necesidad es encontrarme conmigo, porque tras tanto incendio y catástrofe me pierdo a menudo recurriendo una vez más a la música. Y después de todo, me escondo en ella porque solo ella tiene licencia para dolerme por dentro, para acariciarme el alma sin saber hasta cuándo. A veces, no estoy en el lugar o en el momento idóneo, a veces no soy yo y también eso me da miedo. Sin embargo, siento la vida en cada latido tras cada catástrofe. Siento que estoy viva y de nuevo olvido el miedo, lo olvido hasta que vuelvo a acordarme de mí y me doy cuenta de que no estoy conmigo. Mi necesidad es culpa de mis ganas. Mis imparables ganas de vivir todo, de sentir todo, de querer tener todo para luego descubrir que en realidad, no tengo nada. Para luego descubrir que los incendios dejan cenizas, que las catástrofes dejan destrozos, a pesar de que después de todo, se aprende.

Sí, después de todo, se aprende a no sentir nada lo suficiente. Se aprende a no ser vulnerable tras cada historia. Porque, claro, después de todo, se aprende.


sábado, 8 de noviembre de 2014

¡Sorpresa!

Quizá aquel día el autobús estaba más lleno de lo normal, el frío calaba un poco más y las calles andaban solas parándose en cruces y semáforos. Qué curioso que con la tormenta el mundo de las aceras se pare de pronto y ya solo se escuchen vehículos contaminándolo todo sin cuidado. Lo cierto es que en plena tormenta todos nos quedamos parados, quietos, dejamos de andar pensando que así la tormenta pasará más rápido, que sin hacer nada la situación en la que nos encontramos, por arte de magia, cambiará. ¿De verdad esperamos que las cosas buenas nos caigan del cielo?

Vuelvo a mi autobús y a la gente que observa  la tormenta con asombro  o desinterés, toda esa gente que asiste, con prisa y cuidado, a su respectiva cita con la rutina. Cada uno escribiendo con su propia letra el magnífico libro de la vida, con sus circunstancias e historias. Y yo, una viajera más, pero no menos importante continúo, admirada, viendo como muchos de ellos observan al unísono la tormenta que cae por encima del techo que nos cubre, y otros, en cambio, prefieren observar sus aparatos eléctricos desinteresados, quitándole importancia a lo que ocurre.

Entonces, sin querer, me doy cuenta de que hay dos maneras de ver la vida: Una dejando que todo te sorprenda, y la otra no dejándote sorprender por nada.
Y, ciertamente, yo me considero del segundo bando. ¿Acaso esas personas que se quedan sentadas en el autobús observando sus móviles y quitándole importancia a la tormenta están dejándose sorprender?, ¡Déjate sorprender!... Ahora sí, para dejarte sorprender por el mundo tienes que empezar por sorprenderte a ti mismo. 

En ocasiones olvidamos las grandezas que mueven los mundos corrientes. Sorpresas, admiraciones, asombros...déjate conquistar por todo. Déjate seducir por lo inesperado.

 Y, a todo esto: ¡QUÉ ESPECTACULAR TORMENTA!

sábado, 25 de octubre de 2014

Pájaros

Hoy me quedé mirando como volaban los pájaros por encima de mí. Cuando los ves en pleno vuelo parecen tan libres que aterra. No he podido evitar preguntarme ¿Cómo sería la vida en las alturas?. Si el cielo fuera nuestra carretera nacional, y los árboles y tejados los lugares a visitar, ¿Cómo sería la vida?. Ahí arriba donde no hay leyes de tráfico, ni límites de máxima velocidad, donde ni siquiera hay peatones que hagan frenar tu frenesí, ¿es eso la libertad?
Todos esos que vuelan ahí arriba emigran en épocas de frío, aquí abajo lo llamamos viajar, ¿a caso no es esa una suerte?.



                                                                                                                                       Pájaros.

viernes, 24 de octubre de 2014

Deteneos un instante y observad.

Parad un momento. No tengáis prisa, el día termina  y de igual forma comienza de nuevo, así que parad un momento y observad, porque quizás os estáis perdiendo las mejores imágenes de vuestras vidas.  Fijaos en los pequeños detalles que tiene el mundo, fijaos en los enormes edificios que terminan por encima de vuestras cabezas, y en la gente que camina con prisa a vuestro alrededor. Parad vuestro reloj que cuenta cada uno de los segundos de vuestra simple vida, y dejad, por un momento, de darle importancia al tiempo,  porque es relativo, porque os controla, y porque hace con vuestras vida lo que le da la real gana.

Deteneos un instante y pensad si realmente el camino que estáis andando os conduce a al lugar donde queréis llegar. ¿Amáis  hacer aquello a lo que dedicáis vuestro tiempo? Notad la velocidad del mundo que sucede ante vuestros ojos y el ruido que la envenena que nos está volviendo sordos. El estrés de las vidas humanas que nos vuelve infelices. Infelices como estilo de vida. ¿Acaso empleáis tiempo en cuestionaros vuestra felicidad?

 Observad el día, y la luz que lo hace admirable a vuestros ojos. Fijaos en  la velocidad del cielo, cómo las nubes van trazando su recorrido tan sutilmente sin dejar ningún rastro a su paso. Y el sol, lleno de vida, vibrante, eterno, magnífico. Parad un momento, sentaos, y observad.  Observad todo  porque quizás esta sea la primera vez que lo estáis haciendo y hay muchas cosas que aún no han sido observadas a vuestro alrededor.  Olvidaos de los problemas, las preocupaciones, de todo lo que os conmueve por dentro. Olvidaos de lo que os pone barreras a vuestro paso. Los problemas son tan grandes como vosotros los queráis ver, y tienen la importancia que vosotros le queráis dar.


Observad la vida. Todo está en constante cambio, así que no os acomodéis en ningún lugar, no os acostumbráis a nada porque el mejor día os cambian las reglas del juego y entonces no sabréis jugar. Todo fluye con el tiempo igual que lo hace la gente que camina a vuestro alrededor. Y si os puedo aconsejar algo, sed optimistas ante todas las situaciones.  El resultado podrá ser el mismo, pero el recorrido hasta llegar a él habrá sido digno de ser vivido. Sed optimistas. A mí me funciona. 


domingo, 7 de septiembre de 2014

Sal ahí fuera, el sol está esperándote.

Una vez leí de parte de un gran escritor que: " Todos los días tienen un momento en el que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. El instante mágico en el que un sí o un no pueden cambiar toda nuestra existencia".  A partir de ese momento, me di cuenta que la felicidad solo depende de nosotros.  Al fin y al cabo, es la única cosa sin misterio más maravillosa del mundo, pues se justifica por sí sola.

Me paso los días soñando, y tengo una fe ciega en el destino. Empiezo a creer que realmente todo ocurre por algo. Tengo hambre de futuro. Pero de pronto un día, todo se detiene de golpe y vuelvo. Pero solo es un día, y un día solo un par de horas. Dicen que todos tenemos unas gafas de ver la vida, quizá ese día mis gafas amanecieron algo empañadas. Nunca olvides que las llevas puestas, no te van a salvar de nada, ni te van a hacer sentir más valiente. Y si algún día consigues quitártelas, ya no habrá más días empañados. Pero no va a ser demasiado fácil.

Alguien dijo: "Somos la emoción ante las cosas que ocurren en la vida". Las cosas más reales son aquellas ante las que nuestra emoción es mayor. Pero, cuidado con las emociones, ni unas buenas gafas con cristales tintados pueden hacer que no nos afecten las emociones para bien o para mal. Y recuerda, que nada es demasiado importarte como para hacerte perder el sueño, ni siquiera las emociones lo son.

Sin embargo la vida podrá ponerse caprichosa o empañarme algún que otro día, pero jamás podrá hacer que deje de creer en la magia. La magia de vivir las cosas más simples. La magia de las risas con magia. La magia de recordar, porque también existen recuerdos que merecen ser recordados con magia. La magia de saber que, las personas con magia no necesitan trucos.

Crecer es aprender a despedirte. Ponerte o quitarte tus gafas de ver la vida y seguir. El momento de marcharte es aquel en el que para ver las cosas como deseas verlas, tienes que empezar por cerrar los ojos. La solución no es cerrar los ojos para soñar lo que deseas, es abrirlos y conseguirlo. Al final de todo esto, nos daremos sigilosamente cuenta de que estamos hecho de inconstantes ayeres y mañanas, y que para llegar al mañana, habrá que superar los ayeres.

Hay batallas en la vida en las que merece la pena entrar aunque tan solo sean para perderlas. Y aunque digan que no estamos hechos para luchar sino para fluir, nunca podremos evitar luchar por aquello que queremos tener.

Aun así, recuerda siempre que la vida empieza en viernes, y que los lunes son menos lunes si sonríes. Que nada se pierde, solo se transforma . Y que hay muchas canciones que aún no han sido bailadas, y para eso estamos aquí ¿no?


La vida termina siendo lo que recuerdas y como lo recuerdas para contarlo. Cuando las palabras no pueden explicar lo sucedido...





miércoles, 7 de mayo de 2014

Locos

Ella loca por él, y él por verla reír.
Tocando fondo. El nunca más y el hasta nunca. Dejad marchar las cosas porque siempre vuelven si son para ti. No desesperar. No hay planes, no existe ningún plan.Vive día a día, no esperas a nadie. Solo hay alguien que te espera a ti. No hay distancia que esté lejos. Cualquier día, y en cualquier momento con un par de kilómetros se llega al centro de este país. Pero no pierdas el norte y quédate. Todo tiene su momento. El momento de ser feliz es ahora, siempre es ahora, piensa que cualquier momento es bueno para serlo. El momento de ser aún más feliz está por venir. No está lejos. Recuerda sin abusar. Ya no hace falta que te repitas lo mucho que echas de menos. Lo sabes. No es difícil, no va a ser difícil, solo deben pasar algunos días para sentir otra vez. Estás viva y debes vivir. No te falta nada, lo tienes todo. ¿No lo ves? Sí, esta ahí. Confía en mí. Está en ti aunque no lo puedas percibir. Igual pasa con la felicidad, o la locura, no la puedes ver, pero sabes que está ahí. Felices, y locos.



sábado, 18 de enero de 2014

Los ojos que no ven miran mejor





Echar de más

Reservaros de las melancolías y de los te echo de menos. Nunca se echa de menos del todo a nadie, solo en la muerte. Sin embargo repetís esa frase día tras día, como si toda la gente a la que amáis viviera ya bajo tierra. Se debería de echar de menos únicamente en el momento en el que se sabe que esa persona te faltará para siempre, si no es así, echar de menos es lo mismo que desear ver cómo te hundes sutilmente en la tristeza de añorar. En el momento en el que pronuncias esas cuatro palabras has cavado, sin darte cuenta, un agujero en una parte de tu corazón. Es el agujero donde acumulas a todas las personas a las que echas de menos, bien porque lleves mucho sin verlas, bien porque aunque la hayas visto hace poco tiempo, quisieras que en ese momento estuvieran ahí contigo. Si tuviera que echar de menos a todas las personas que llevo sin ver siglos, o que no están a mi lado en este instante, el agujero sería tan enorme que me habría olvidado de mi misma y estaría incluso echándome de menos a mi también.

Probad a cambiar el te echo de menos por un tengo ganas de verte. Suena mucho mejor eh. Sí, quizá al fin y al cabo, por mucho que cambiemos el verbo, el significado termina por ser el mismo. Pero  el sentido, el sentido es otro totalmente distinto. Tener ganas de que salga el sol conlleva inmensa  positividad. Echar de menos  el sol transmite más negatividad que un día gris.

Si tenéis que echar que sea de más.  Y ojalá  os canséis de echar de mas  a toda esa gente a la que admiráis porque el día que tengáis que echarla de menos no habrá nada que arregle ese desastre emocional que se ablanda con pensar que los mas ganaron a los menos notablemente.  El deseo de estar triste depende de vosotros mismos. Más vale que os preocupáis por elegir las palabras correctas que se sintonicen perfectamente con lo que sentís. Pues a veces transmitimos con palabras más tristeza de la que sentimos y el problema es que terminamos convencidos de ello.

viernes, 10 de enero de 2014

Cambios

Me acabo de dar cuenta que hay días para no escribir. Días en los que no hay absolutamente nada que escribir. O que habría tantas cosas que escribir que terminas por no escribir nada. Supongo que siempre hay cosas que escribir, pero no siempre se desea escribir de tales cosas. Se escribe de la amargura o de la más sublime felicidad, pero no se escribe de la monotonía. La monotonía no es divertida, es rutina, es cansada y pesa como años.

Se escribe de los cambios. Todos los cambios deberían ser escritos. Lo que era antes, lo que es ahora. Lo que no sabemos es que en la vida todo son cambios. Todo es tan superfluo que tenemos la necesidad de convertirlo en permanente. Sí, es algo así como auto engañarse. Es por ello que no escribimos de casi nada casi nunca, pues tendemos a convertir todo en rutina. Queremos que las cosas duren. Que duren los momentos, los amigos, los amores. Y aún más, necesitamos estabilidad. Nos asustan los cambios. Nos asusta pensar que si algo cambia, nuestra situación empeore. Pero somos tan ignorantes que ni siquiera pensamos que la opción de que tu vida de un giro a mejor también existe.

El anhelo nos crea más murallas de las que imaginamos. Pensar que si algo cambia anhelarás lo anterior, y pensar que lo mejor es no anhelar.  Por si nosotros fuera no cambiaríamos nunca nada. De ahí eso que dicen mejor malo conocido que bueno por conocer.  Lo que no sabemos es que los cambios nos hacen crecer. Es así como afrontar nuevas barreras, que antes en tu aburrida monotonía no tenías. Afrontar nuevos momentos con nuevas circunstancias. Cambiar la canción del despertador afrontándote al miedo de que quizás la que has puesto nueva no te despertará de buen ánimo, o quién sabe, quizás sea tan lenta y suene tan bajo que ni siquiera te despierte.

La vida nunca va a pretender contentarnos en nada, más bien le importa un bledo lo que sintamos. Somos nosotros quienes tenemos que aceptar los cambios que nos suceden, y hacerlo no de mala gana sino más bien con el mejor ánimo posible. La vida no va a preguntarte si eres feliz, pero tú si deberías hacerlo.  Y si te das cuenta de que realmente no lo eres, haz una cosa: "Cambia algo".

miércoles, 25 de diciembre de 2013

A mis amigas

Me gustan los aviones, pero odio los aeropuertos. Demasiadas maletas, demasiada gente, demasiado ruido. Pero sobre todo demasiadas despedidas. Si contamos que existen despedidas en la misma proporción que bienvenidas, la cosa cambia. Pero no os dejéis engañar, si vienen que sea para quedarse.
De igual modo ocurre en nuestras vidas, tal y como decía Vetusta Morla : "Aeropuertos, unos vienen y otros se van". No deja de ser un círculo vicioso que no se aburre, que no se cansa, que no cesa. Yo, por el contrario, he preferido siempre aquello que decía Leiva para nuestros odios: "A los de antes, a los que llegan nuevos".
Es curioso, al cabo del año aterrizan en tu vida tantos aviones como días tiene el año, y sin darnos cuenta de la misma forma despegan cientos de ellos. Cada uno de ellos llega de un lugar diferente trayendo consigo miles de personas. Algunos despegan más tarde, otros apenas permanecen en tu aeropuerto, y otros, afortunadamente, no despegan nunca. Terminan aparcados en un lugar importante de tu vida y permanecen allí hasta que el tiempo se los lleva consigo.
Me atrevo a decir que ahora sí que entenderéis aquella expresión que dice : "En la vida hay momentos pasajeros". Sí, son esos momentos protagonizados por personas que vienen para no quedarse. Duran lo que dura una canción, y después se marchan. Cabe decir que, en ocasiones, los pasajeros de esos aviones dejan mas huella de lo que uno se piensa. Pero de nuevo vuelan a otros lugares como aviones buscando su sitio en algún lugar del mundo.
Confesándome diré, que estoy encantada de haber recibido aviones llenos de pasajeros dispuestos a veranear en mi vida. Pero más encantada estoy de haber recibido aviones que no se fueron nunca y que siguen compartiendo sus vidas conmigo. Quizás mi aeropuerto no sea muy grande, ni el mejor, pero siempre habrá sitio para aquellas personas que quisieron quedarse.
Os doy las gracias a las seis por permanecer en mi vida. Algunas llegasteis antes, otras después, pero todas por igual tenéis un sitio en mi vida. Da igual el tiempo que pase sin veros, y si nos separan mucho o pocos kilómetros, lo importante es que no quiero que despeguéis jamás de mi aeropuerto. Pronto haremos un año más juntas. Recordad todos los momentos que hemos vivido. Los recuerdos será lo mejor que nos acompañe siempre y lo que más no unirá. No sabéis lo afortunada que me siento de haber viajado a estos seis mundos tan diferentes. Y, me gustaría que supierais que por muchos aviones que aterricen en mi vida ninguno ocupará el sitio que ocupáis vosotras.

Feliz navidad AMIGAS.


sábado, 7 de diciembre de 2013

Silencio


Catástrofe de infinitas imperfecciones con aires de recuerdos bellos en días de Domingo. Ilusos de las más soberanas  tonterías que viven en cabezas repletas de sueños que no conocen límites en este mundo. Colapso de montones de pensamientos, de los más sublimes a los más inútiles, todos y cada uno de ellos, ninguno se queda fuera de este círculo que ensancha con los besos que arden aún en las más heladas horas. Si el reloj se parara, seguiríamos flotando en el tiempo, si el barco se hundiera, seguiríamos flotando en el agua, si tus descaradas manos cesaran, seguiríamos flotando en el aire. Y si pudiera pedir hartura, la pediría contigo. Pero si la altura que alcanzamos no nos basta, volvemos a empezar y dejamos que el escándalo inhumano nos rete. No pienses en nada. Si  vas a pensar en cómo hacer para hacerlo mejor, te dejo, o si prefieres superarme, inténtalo. Pero, no me obligues a servirte el café frío sin azúcar, porque si lo haces, la catástrofe que nos inunda los Domingos se volverá pesadilla. Así que apunta bien esto en tu lista de cosas a olvidar, y recuerda que la dulzura, en momentos, puede más.





                                

sábado, 30 de noviembre de 2013

A veces sobran reflejos, y a veces falta valor

Una vez escuché en una canción que  A veces sobran reflejos ,y a veces falta valor. Quizás sea la frase  más acertada que he escuchado jamás.  Andamos con mucho cuidado por esto que llamamos vida para no tropezarnos, para no caernos. Nos excita los imposibles, pero al final siempre terminamos  haciéndolo todo con precaución. Bueno, no generalizo, solo los locos saben lo que es vivir sin miedo.  Pensamos las cosas dos, tres, cuatro veces para asegurarnos de que elegimos lo adecuado, de que aquello que hacemos lo hacemos de la mejor manera. ¿Lanzarse al vacío?¿Actuar sin pensar? Ni locos. Incluso aquellos que dicen moverse por impulsos  se paran a pensar.  Más o menos, pero se paran.

Sabemos perfectamente que todo acto tiene unas consecuencias.  Queremos asegurarnos de que estas sean maravillosas, pero no nos damos cuenta de que todo está demasiado planeado como para que salga perfecto. Como para que salga tan genial como quisiéramos nosotros. Dicen que los mejores momentos son los que no se planean. Igual ocurre en la vida. Vale tener una meta, vale elegir, pero también vale pensar menos con la cabeza y dejar que el corazón elija.

Los miedos los crea la mente.  Y para los miedos, dosis de valor varias veces al día.  Y tengamos siempre presente que hagamos lo que hagamos, ocurra lo que ocurra, si es bueno, tenemos que  disfrutarlo  porque será una magnífica experiencia. Y si es malo, aprendamos de ello. Para crecer hay que tropezarse. No todo en la vida son éxitos, sería demasiado aburrido.