miércoles, 2 de diciembre de 2015

Olvidarnos

Qué difícil debe ser eso de que las cosas funcionen a otro ritmo, mientras nosotros intentamos coincidir a la misma velocidad, mientras desvivimos por vivir en el mismo tono, mientras se nos complican las ganas e intentamos seguir sin escuchar las exclamaciones del mundo.

Qué difícil ha de ser eso de que las cosas funcionen del revés, al contrario, mal, mientras nosotros intentamos poner tiritas a los ceses, remediando manías, corrigiendo líneas curvas y aguantando los nervios con cada respiración.

Qué difícil es eso de ver la vida desde perspectivas distintas, amueblando habitaciones vacías que no existieron, olvidando recuerdos que no vivimos, y perdiendo el tiempo que no tuvimos. Qué cobarde imaginarnos siempre queriendo ser lo que no fuimos.

Qué tremendamente complicado ha de ser eso de no conectar a tiempo, de buscarnos en lugares apartados de nosotros, de perdernos cada uno por su lado, de haber olvidado las cenas de dos y lo que era dormir en tu espalda, mientras el tiempo que me inundaste se ve  ahora desocupado en la periferia de las cosas menos importantes.
Qué triste sabernos tan distantes.

Qué espantoso debe de ser eso de intentar hacer coincidir coordenadas confusas regresando a lugares que construimos imitando paisajes con vistas a una realidad desordenada, donde ahora el espacio se encuentra desbordado de profundos silencios y el frío es el abrazo interminable de todos los días que se restan.

Que complicado ha de ser eso de vernos hallados en una nueva estación intentando disimular lo que fuimos, intentando evitarnos mirando otros ojos, besando otros labios y rozando otra piel. Mientras el calendario continúa insistiendo en brindarnos una fecha.

Qué horrible es  eso de volver a imaginar lo que era nuestro mundo construido a orillas del mar que nos mojó las ganas. Y que mal ahora. Ahora, cuando cada uno con su parte de la historia va despacio haciendo olvido de nosotros.




miércoles, 8 de julio de 2015

Después de todo, se aprende

Mi necesidad son los incendios. El fuego calienta a la vez que quema, y esa es mi necesidad. Tengo la necesidad de sentir lo afable y lo perverso aquí adentro sin ningún tipo de medida, la necesidad de ser fuego artificial, de subir rápido, explotar en el cielo y luego caer en picado. Porque después de todo, se aprende.

Necesito arder y para arder hay que ser valiente. Valiente para vivir la vida hasta la última bocanada de aire. Necesito sentir que estoy viva. Tengo la necesidad de equivocarme tres veces al día y veintiuna veces a la semana. Porque después de todo, se aprende.

Mi necesidad son las catástrofes inundadas de magia. Descubrir esa magia, percibir hasta el mínimo suspiro del pianista que está tocando tu canción favorita en este momento. Sentir la catástrofe en  la parte más interna de tu cuerpo. No preguntarte cómo llegaste hasta aquí sino disfrutar de estar y vivir.

Mi necesidad es salir ahí fuera  y que una mirada me cambie la vida. Tengo la necesidad del cambio, la necesidad de empezar algo y con ello la necesidad de verlo como se convierte en  esa nube de humo que deja un pequeño pellizco en el corazón. Tengo la necesidad de llenarme de historias, de hacerlas mías para amarlas y sufrir de ellas. 

Mi necesidad es vivir para poder escribir.

Y a veces, mi mayor necesidad es encontrarme conmigo, porque tras tanto incendio y catástrofe me pierdo a menudo recurriendo una vez más a la música. Y después de todo, me escondo en ella porque solo ella tiene licencia para dolerme por dentro, para acariciarme el alma sin saber hasta cuándo. A veces, no estoy en el lugar o en el momento idóneo, a veces no soy yo y también eso me da miedo. Sin embargo, siento la vida en cada latido tras cada catástrofe. Siento que estoy viva y de nuevo olvido el miedo, lo olvido hasta que vuelvo a acordarme de mí y me doy cuenta de que no estoy conmigo. Mi necesidad es culpa de mis ganas. Mis imparables ganas de vivir todo, de sentir todo, de querer tener todo para luego descubrir que en realidad, no tengo nada. Para luego descubrir que los incendios dejan cenizas, que las catástrofes dejan destrozos, a pesar de que después de todo, se aprende.

Sí, después de todo, se aprende a no sentir nada lo suficiente. Se aprende a no ser vulnerable tras cada historia. Porque, claro, después de todo, se aprende.


sábado, 8 de noviembre de 2014

¡Sorpresa!

Quizá aquel día el autobús estaba más lleno de lo normal, el frío calaba un poco más y las calles andaban solas parándose en cruces y semáforos. Qué curioso que con la tormenta el mundo de las aceras se pare de pronto y ya solo se escuchen vehículos contaminándolo todo sin cuidado. Lo cierto es que en plena tormenta todos nos quedamos parados, quietos, dejamos de andar pensando que así la tormenta pasará más rápido, que sin hacer nada la situación en la que nos encontramos, por arte de magia, cambiará. ¿De verdad esperamos que las cosas buenas nos caigan del cielo?

Vuelvo a mi autobús y a la gente que observa  la tormenta con asombro  o desinterés, toda esa gente que asiste, con prisa y cuidado, a su respectiva cita con la rutina. Cada uno escribiendo con su propia letra el magnífico libro de la vida, con sus circunstancias e historias. Y yo, una viajera más, pero no menos importante continúo, admirada, viendo como muchos de ellos observan al unísono la tormenta que cae por encima del techo que nos cubre, y otros, en cambio, prefieren observar sus aparatos eléctricos desinteresados, quitándole importancia a lo que ocurre.

Entonces, sin querer, me doy cuenta de que hay dos maneras de ver la vida: Una dejando que todo te sorprenda, y la otra no dejándote sorprender por nada.
Y, ciertamente, yo me considero del segundo bando. ¿Acaso esas personas que se quedan sentadas en el autobús observando sus móviles y quitándole importancia a la tormenta están dejándose sorprender?, ¡Déjate sorprender!... Ahora sí, para dejarte sorprender por el mundo tienes que empezar por sorprenderte a ti mismo. 

En ocasiones olvidamos las grandezas que mueven los mundos corrientes. Sorpresas, admiraciones, asombros...déjate conquistar por todo. Déjate seducir por lo inesperado.

 Y, a todo esto: ¡QUÉ ESPECTACULAR TORMENTA!

sábado, 25 de octubre de 2014

Pájaros

Hoy me quedé mirando como volaban los pájaros por encima de mí. Cuando los ves en pleno vuelo parecen tan libres que aterra. No he podido evitar preguntarme ¿Cómo sería la vida en las alturas?. Si el cielo fuera nuestra carretera nacional, y los árboles y tejados los lugares a visitar, ¿Cómo sería la vida?. Ahí arriba donde no hay leyes de tráfico, ni límites de máxima velocidad, donde ni siquiera hay peatones que hagan frenar tu frenesí, ¿es eso la libertad?
Todos esos que vuelan ahí arriba emigran en épocas de frío, aquí abajo lo llamamos viajar, ¿a caso no es esa una suerte?.



                                                                                                                                       Pájaros.

viernes, 24 de octubre de 2014

Deteneos un instante y observad.

Parad un momento. No tengáis prisa, el día termina  y de igual forma comienza de nuevo, así que parad un momento y observad, porque quizás os estáis perdiendo las mejores imágenes de vuestras vidas.  Fijaos en los pequeños detalles que tiene el mundo, fijaos en los enormes edificios que terminan por encima de vuestras cabezas, y en la gente que camina con prisa a vuestro alrededor. Parad vuestro reloj que cuenta cada uno de los segundos de vuestra simple vida, y dejad, por un momento, de darle importancia al tiempo,  porque es relativo, porque os controla, y porque hace con vuestras vida lo que le da la real gana.

Deteneos un instante y pensad si realmente el camino que estáis andando os conduce a al lugar donde queréis llegar. ¿Amáis  hacer aquello a lo que dedicáis vuestro tiempo? Notad la velocidad del mundo que sucede ante vuestros ojos y el ruido que la envenena que nos está volviendo sordos. El estrés de las vidas humanas que nos vuelve infelices. Infelices como estilo de vida. ¿Acaso empleáis tiempo en cuestionaros vuestra felicidad?

 Observad el día, y la luz que lo hace admirable a vuestros ojos. Fijaos en  la velocidad del cielo, cómo las nubes van trazando su recorrido tan sutilmente sin dejar ningún rastro a su paso. Y el sol, lleno de vida, vibrante, eterno, magnífico. Parad un momento, sentaos, y observad.  Observad todo  porque quizás esta sea la primera vez que lo estáis haciendo y hay muchas cosas que aún no han sido observadas a vuestro alrededor.  Olvidaos de los problemas, las preocupaciones, de todo lo que os conmueve por dentro. Olvidaos de lo que os pone barreras a vuestro paso. Los problemas son tan grandes como vosotros los queráis ver, y tienen la importancia que vosotros le queráis dar.


Observad la vida. Todo está en constante cambio, así que no os acomodéis en ningún lugar, no os acostumbráis a nada porque el mejor día os cambian las reglas del juego y entonces no sabréis jugar. Todo fluye con el tiempo igual que lo hace la gente que camina a vuestro alrededor. Y si os puedo aconsejar algo, sed optimistas ante todas las situaciones.  El resultado podrá ser el mismo, pero el recorrido hasta llegar a él habrá sido digno de ser vivido. Sed optimistas. A mí me funciona. 


domingo, 7 de septiembre de 2014

Sal ahí fuera, el sol está esperándote.

Una vez leí de parte de un gran escritor que: " Todos los días tienen un momento en el que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. El instante mágico en el que un sí o un no pueden cambiar toda nuestra existencia".  A partir de ese momento, me di cuenta que la felicidad solo depende de nosotros.  Al fin y al cabo, es la única cosa sin misterio más maravillosa del mundo, pues se justifica por sí sola.

Me paso los días soñando, y tengo una fe ciega en el destino. Empiezo a creer que realmente todo ocurre por algo. Tengo hambre de futuro. Pero de pronto un día, todo se detiene de golpe y vuelvo. Pero solo es un día, y un día solo un par de horas. Dicen que todos tenemos unas gafas de ver la vida, quizá ese día mis gafas amanecieron algo empañadas. Nunca olvides que las llevas puestas, no te van a salvar de nada, ni te van a hacer sentir más valiente. Y si algún día consigues quitártelas, ya no habrá más días empañados. Pero no va a ser demasiado fácil.

Alguien dijo: "Somos la emoción ante las cosas que ocurren en la vida". Las cosas más reales son aquellas ante las que nuestra emoción es mayor. Pero, cuidado con las emociones, ni unas buenas gafas con cristales tintados pueden hacer que no nos afecten las emociones para bien o para mal. Y recuerda, que nada es demasiado importarte como para hacerte perder el sueño, ni siquiera las emociones lo son.

Sin embargo la vida podrá ponerse caprichosa o empañarme algún que otro día, pero jamás podrá hacer que deje de creer en la magia. La magia de vivir las cosas más simples. La magia de las risas con magia. La magia de recordar, porque también existen recuerdos que merecen ser recordados con magia. La magia de saber que, las personas con magia no necesitan trucos.

Crecer es aprender a despedirte. Ponerte o quitarte tus gafas de ver la vida y seguir. El momento de marcharte es aquel en el que para ver las cosas como deseas verlas, tienes que empezar por cerrar los ojos. La solución no es cerrar los ojos para soñar lo que deseas, es abrirlos y conseguirlo. Al final de todo esto, nos daremos sigilosamente cuenta de que estamos hecho de inconstantes ayeres y mañanas, y que para llegar al mañana, habrá que superar los ayeres.

Hay batallas en la vida en las que merece la pena entrar aunque tan solo sean para perderlas. Y aunque digan que no estamos hechos para luchar sino para fluir, nunca podremos evitar luchar por aquello que queremos tener.

Aun así, recuerda siempre que la vida empieza en viernes, y que los lunes son menos lunes si sonríes. Que nada se pierde, solo se transforma . Y que hay muchas canciones que aún no han sido bailadas, y para eso estamos aquí ¿no?


La vida termina siendo lo que recuerdas y como lo recuerdas para contarlo. Cuando las palabras no pueden explicar lo sucedido...





miércoles, 7 de mayo de 2014

Locos

Ella loca por él, y él por verla reír.
Tocando fondo. El nunca más y el hasta nunca. Dejad marchar las cosas porque siempre vuelven si son para ti. No desesperar. No hay planes, no existe ningún plan.Vive día a día, no esperas a nadie. Solo hay alguien que te espera a ti. No hay distancia que esté lejos. Cualquier día, y en cualquier momento con un par de kilómetros se llega al centro de este país. Pero no pierdas el norte y quédate. Todo tiene su momento. El momento de ser feliz es ahora, siempre es ahora, piensa que cualquier momento es bueno para serlo. El momento de ser aún más feliz está por venir. No está lejos. Recuerda sin abusar. Ya no hace falta que te repitas lo mucho que echas de menos. Lo sabes. No es difícil, no va a ser difícil, solo deben pasar algunos días para sentir otra vez. Estás viva y debes vivir. No te falta nada, lo tienes todo. ¿No lo ves? Sí, esta ahí. Confía en mí. Está en ti aunque no lo puedas percibir. Igual pasa con la felicidad, o la locura, no la puedes ver, pero sabes que está ahí. Felices, y locos.