Una vez escuché en una canción que A veces sobran reflejos ,y a
veces falta valor. Quizás sea la frase
más acertada que he escuchado jamás.
Andamos con mucho cuidado por esto que llamamos vida para no
tropezarnos, para no caernos. Nos excita los imposibles, pero al final siempre
terminamos haciéndolo todo con
precaución. Bueno, no generalizo, solo los locos saben lo que es vivir sin
miedo. Pensamos las cosas dos, tres,
cuatro veces para asegurarnos de que elegimos lo adecuado, de que aquello que
hacemos lo hacemos de la mejor manera. ¿Lanzarse al vacío?¿Actuar sin pensar?
Ni locos. Incluso aquellos que dicen moverse por impulsos se paran a pensar. Más o menos, pero se paran.
Sabemos perfectamente que todo acto tiene unas
consecuencias. Queremos asegurarnos de
que estas sean maravillosas, pero no nos damos cuenta de que todo está
demasiado planeado como para que salga perfecto. Como para que salga tan genial
como quisiéramos nosotros. Dicen que los
mejores momentos son los que no se planean. Igual ocurre en la vida. Vale
tener una meta, vale elegir, pero también vale pensar menos con la cabeza y
dejar que el corazón elija.
Los miedos los crea la mente. Y para los miedos, dosis de valor varias
veces al día. Y tengamos siempre presente
que hagamos lo que hagamos, ocurra lo que ocurra, si es bueno, tenemos que disfrutarlo porque será una magnífica experiencia. Y si es
malo, aprendamos de ello. Para crecer hay que tropezarse. No todo en la vida
son éxitos, sería demasiado aburrido.
Nada está escrito. No sabemos lo que el mundo se atreverá a apostar con nosotros, jamás imaginaremos el número de copas de más en noches interminables, ni cuantos días no vividos morirán en atardeceres. Las horas muertas, las páginas en blanco, las carcajadas y las mejillas sonrojeadas de amor en tantos días felices. Dicen que los recuerdos son para aquellos que no pueden recordar, pero me han salvado de tantos momentos... No importa el tiempo, ni el temporal, ni siquiera importan los días no vividos. Siempre estarán ahí. Siempre te devolverán un pedazo de vida que pasó fugaz, y traerán consigo a personas, esas personas que nunca se fueron, y que tímidas se quedaron en ti. Traerán momentos, los mejores, los más maravillosos, efímeros todos, pero llenos de magia; y los peores, también. Hay que escuchar. Hay que escuchar dentro de cada uno de nosotros, y mirarnos el interior tan repleto de emociones pasadas que reflejan lo que fuimos, lo que somos. Ojalá el tiempo no pasara tan veloz, ojalá se aprovecharan mejor los segundos y se vieran más calles con gente, y ojalá el sol no dejará de brillar ni un solo día al mundo. Ojalá las noches fueran sueños, todas ellas, y nuestra imaginación no conociera la cordura. Ojalá el sonreír fuera considerado arte, y el malhumor no estuviera permitido. Pero mis ojalá no cambiarán este mundo, y cuando agote todas mis palabras, el mundo continuará siendo lo que es, desgraciadamente. Y nosotros seguiremos viviendo en él. O mejor dicho, sobreviviendo en él. Curiosas las ganas por querer lo que no conocemos, curiosas las preguntas que surgen en los minutos de silencio. Curiosas las miradas profundas, y curiosa la gente que no necesita hablar para contar historias. Curioso el mundo.
No sé que planes tiene la vida para mí. Pero ojalá sepa disfrutarlos. Ojalá sepa sacar de ellos lo mejor. Y ojalá me enseñen a vivir un poco más, Un poco más que ayer.
Velocidad. Prisa. Gente. Coches. Todo en exceso. Calles
repletas de humanidad. Callejuelas desiertas. Cultura a rabiar. Semáforos en
rojo, en verde, en ámbar. Bares petados. Restaurantes de guiris. Parques de
bancos solitarios y fuentes de agua cristalina. Esquinas para esperar, y
árboles enormes llenos de verde. Colegios, institutos, universidades de miles
de nombres. Magníficos teatros y cine estacional. Autobuses llenos de vida y
trenes de viaje. Inmenso reloj de las Tendillas dispuesto a girar su manecilla
por cada segundo de nuestras vidas. Bibliotecas de silencio. Librerías con magia. Tiendas de juguetes repletas de regalos de
navidad. Y tiendas en general. Caminos que llevan a Roma. Y puente romano. Arte.
Sueños que emanan de casas, pisos, residencias. Gente sin casa. Pena en las
calles. Risas de amigos. Monumentos. Y quedadas monumentales. Fiestas de
"cualquier día es bueno para celebrar que aún seguimos vivos".
Hospitales. Llantos sin calma. Y camas vacías. Madres. Padres. Hermanos. Familias
enteras. Pintadas. Reivindicaciones. Crisis. Verbenas de verano y feria de
mayo. Flores, maravillosas todas ellas adornando calles y balcones. Y el
bendito río Guadalquivir. El sol sureño. Y los tirantes y sandalias aún entrado
Octubre. Simpatía de sobra. Jóvenes de moto y casco. Y la felicidad
desbordante. La Mezquita. Iglesias. Y las curiosas teterias. La Corredera. La
plaza del Potro. La rivera. Y los miles y miles de lugares que fotografiar. Todo lo escrito es poco. Os lo aseguro.
Ahora todo empieza a cambiar. Es esa sensación que desentona con todas las canciones que alguna vez haya escuchado. Esa sensación nueva que por un lado es curiosa y por otra es miedo. ¿Con qué clase de calles sin gente me encontraré ahora de camino a la facultad a la hora fría del café solo bebido en sorbo y medio? ¿Dónde quedará ese parque de toda la vida donde las masas de locos de mochilas, carpetas y libros se sentaban a perder cualquier hora, y desaprovechar minutos? ¿Y, dónde quedarán las amigas de siempre cuya puntualidad perdieron en cualquier sábado de verano en años pasados? Me va a faltar tiempo para despedidas, y me van a sobrar ganas para volver.
Piensa. Piensa en lo que llegará. Piensa en ti. Piensa en lo que te dejas aquí. Y piensa en lo que encontrarás allí. Pero piensa aún mas en todo lo vivido, y lo que queda por vivir.
Ahora todo empieza a cambiar. Los minutos que nos separan, se convertirán en kilómetros, en horas. Y por un kilómetro menos, alegría. Y la llegada del viernes será una fiesta. Y los domingos tormentas de nieve y sudor frío. Pero vamos a estar dispuestos a marchar y a volver con mil ganas de más.
Será difícil. Será horrible. Y será soledad en todo su esplendor en millones de momentos. Pero también será gente que te sorprenderá, y lugares maravillosos. Serán grandes sensaciones y pequeñas cosas. Y será un continuo descubrir.
Nos vas a costar tiempo y tristezas a acostumbrarnos a tanto. Pero será una etapa nueva de las muchas que habrá. Otra más. Y no vamos a negar que nos morimos de ganas por empezar. Será un paso más. Y aunque ahora nos parezca un paso de gigante, algún día miraremos atrás y nos parecerá un paso de tortuga. No poco importante, pero ya nos tocará otras grandes cosas en la vida que le harán sombra.
Nos sentiremos libres. Libres por hablar a extraños que no nos conocen. Libres por hacer de nuestro tiempo ocurrencias, ideas y planes. Libres para tomar decisiones absurdas y brillantes.
Me quedan tan solo cinco días para desacostumbrarme a casa ordenada, y acostumbrarme a piso de estudiantes. Me queda una canción más, que voy a escuchar lentamente y disfrutar cada segundo que suene. Va a ser la mejor canción del verano. Va a ser la canción de despedida y a la vez de bienvenida. Pero no se preocupen, nos quedan muchos veranos más y muchas canciones más para despedirlos. Sin más. Que suene Andrés Suarez.
A
veces pienso que no debe de ser muy agradable ver como tu vida se va agotando,
ver como cada día que pasa estás más cerca del final; ver como con cada
respiración te oxidas un poco más.